24/11/2017

Grecia y Brasil: el otro lado de los Juegos Olímpicos

Hace 2 meses

Grecia y Brasil: el otro lado de los Juegos Olímpicos

La situación que viven Grecia y Brasil, cuyas economías tuvieron un fuerte golpe tras ser sedes de estas competencias multidisciplinarias con Atenas 2004 y Río 2016, es alarmante.

La situación que viven Grecia y Brasil, cuyas economías tuvieron un fuerte golpe tras ser sedes de estas competencias multidisciplinarias con Atenas 2004 y Río 2016, es alarmante.

Tal parece que albergar unos Juegos Olímpicos es una labor casi exclusiva de países de primer mundo como Japón, Francia y Estados Unidos, que tendrán las próximas tres ediciones de esta justa veraniega (Tokio 2020, París 2024 y Los Ángeles 2028).

Como prueba está la situación que viven Grecia y Brasil, cuyas economías tuvieron un fuerte golpe tras ser sedes de estas competencias multidisciplinarias con Atenas 2004 y Río 2016.

El país helénico, que gastó un estimado de 9 mil millones de euros para que sus juegos fueran posibles, se sumergió en una severa crisis financiera a partir de 2009, causada por varios factores como el pago de tipos de interés muy altos a los acreedores, desequilibrios internacionales creados por las fallas en el diseño de la eurozona y, se estima, también tuvieron que ver los costos que implicaron el desarrollo de estos Olímpicos.

A esta crisis se le suma el estado de las sedes olímpicas después del gran evento, muchas de ellas están abandonadas, cercadas y vigiladas por guardias privados, es decir que los griegos no tienen un libre acceso a ellas.

Si bien los beneficios por la mejora de transporte siguen vigentes, estos no se comparan con lo que se vivió son más los problemas que aquejaron a Grecia, que se vio obligada en 2010 a pedir un recate financiero al resto de los países europeos, por lo que recibió un apoyo de 110 000 millones de euros provenientes de 14 naciones. Hasta la fecha se sigue contemplando la posibilidad de que el país abandone la Unión Europea, debido a las deudas con las que aún carga.

El caso de Brasil también es alarmante. Desde meses antes de que iniciaran los Juegos Olímpicos, en el país ya se vislumbraba una crisis política, social y económica, que venía gestándose desde el desarrollo de Juegos Panamericanos (2013) y un Mundial (2014).

Desde la contaminación del agua en la laguna Rodrigo de Freitas –donde se disputaron las pruebas de de remo y vela, infraestructura que aún no culminaba su construcción, una recesión económica que acabó con la imagen de la entonces presidenta Dilma Rousseff, la violencia que se vive en Río de Janeiro y el brote de Zika, entre otros, ensombrecieron unos Juegos Olímpicos que, aún con buenas historias deportivas, dejaron mal parado al país en materia económica, al dejarlos cerca de la bancarrota.

Mención aparte para el escándalo de corrupción que viven estos Olímpicos, donde se acusa a Carlos Nuzman –presidente del Comité Olímpico Brasileño- de sobornar a votantes en 2009 y que se decantaran por la ciudad brasileña para la justa veraniega. Una acusación que ha salido a la luz en los últimos días y que ha manchado aún más esta edición de los Juegos Olímpicos. 

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