28/05/2017

"Juegos Panamericanos en juego", por Jerónimo Pimentel [OPINIÓN]

Hace 2 meses

Una anécdota apócrifa atribuye a Winston Churchill una respuesta lapidaria ante el pedido de reducir el presupuesto de cultura, en plena Segunda Guerra Mundial, para destinarlo a armamento. “¿Entonces para qué luchamos?”, habría contestado el primer ministro británico. La anécdota no es veraz, pero sí verosímil, pues concentra el ingenio del Nobel inglés y la posibilidad de entender que la defensa de una cultura ante peligros externos que la acechan no debe, digamos, ser una excusa para disminui

Una anécdota apócrifa atribuye a Winston Churchill una respuesta lapidaria ante el pedido de reducir el presupuesto de cultura, en plena Segunda Guerra Mundial, para destinarlo a armamento. “¿Entonces para qué luchamos?”, habría contestado el primer ministro británico. La anécdota no es veraz, pero sí verosímil, pues concentra el ingenio del Nobel inglés y la posibilidad de entender que la defensa de una cultura ante peligros externos que la acechan no debe, digamos, ser una excusa para disminui

Una anécdota apócrifa atribuye a Winston Churchill una respuesta lapidaria ante el pedido de reducir el presupuesto de cultura, en plena Segunda Guerra Mundial, para destinarlo a armamento. “¿Entonces para qué luchamos?”, habría contestado el primer ministro británico. La anécdota no es veraz, pero sí verosímil, pues concentra el ingenio del Nobel inglés y la posibilidad de entender que la defensa de una cultura ante peligros externos que la acechan no debe, digamos, ser una excusa para disminuirla. En el Perú se discute lo mismo a partir del fenómeno de El Niño y los Panamericanos.

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Una posición, compartida por varios columnistas de este diario, sostiene que el presupuesto destinado al evento debería dirigirse a paliar las urgencias del país, que no son pocas. Se han hecho, incluso antes de la tragedia climática, equivalencias de cuántos hospitales y escuelas se podrían levantar con los dos mil millones de soles que requiere el certamen. Ya ocurrido el desastre, esta posición parece más urgente, más lógica y más cercana al sentido común, por la sencilla razón de que todo alrededor de la muerte es fatuo. Hay un punto, sin embargo, que no queda claro: ¿qué asegura que los montos destinados a la organización del evento, mágicamente, vayan a ser destinados a la reconstrucción del norte? ¿No existe ya un presupuesto –no ejecutado– para la prevención de emergencias? ¿Y no existe otro monto para organizar el evento deportivo?

El problema no parece ser monetario, sino que recae en la capacidad de gestión de nuestras autoridades. El Perú tiene presupuesto reservado para ambas partidas, como lo ha sostenido más de una vez el presidente, y además cuenta con más US$60 mil millones de reservas, que para algo se ahorran. El debate constructivo debería ser alrededor de la capacidad nacional para asistir y rehabilitar las zonas castigadas, a la vez que se invierte en la infraestructura deportiva de los Juegos que se celebrarían, en dos años, en la capital. ¿Es eso demasiado para el Perú? La respuesta política que dé el gobierno de PPK a esta pregunta tendrá, inevitablemente, una consecuencia en el ánimo nacional y su percepción internacional.

Una carta, sin embargo, se puede poner en la mesa a favor de los Panamericanos. El Plan Metropolitano de Desarrollo Urbano de Lima y Callao 2035 (PLAM 2035) los entendía como una oportunidad para mejorar la infraestructura de la ciudad, así como para aprovechar la inversión para crear un legado urbanístico útil. A este respecto, hay dos tipos de experiencias: quienes aprovechan la oportunidad, como Barcelona en 1992; y quienes la desperdician, como parecen ser los casos de Guadalajara y Río de Janeiro.

Hay muchos conceptos que se deben discutir antes de tomar una decisión. Los más importantes: cuál es el rol del deporte en la vida nacional, si es que tiene alguno (el alcalde de Lima hace pensar que es un desperdicio o una frivolidad); cuánto nos interesa la planificación y qué función puede tener en la organización de una empresa que nos pone en los ojos del mundo (pero el alcalde de Lima ha abandonado el PLAM 2035); y cuál es la capacidad de las autoridades para afrontar este reto (el alcalde de Lima construye puentes que se caen en 7 años).

Lo que no debería ocurrir es que los Panamericanos se resignen como una mera reacción ante la alarma. Seamos, por una vez, serios.

Ver noticia en El Comercio: DT

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