25/03/2017

OPINIÓN

El pasado Miercoles 08

OPINIÓN

Luis Enrique dijo adiós. Lo que ha hecho ha sido, más allá de un anuncio esperado, una estrategia ya antes usada en el Barcelona. Cambiar el enfoque de las cámaras apuntada a los jugadores y fijarla hacia él. Quitarle la presión a sus dirigidos y hacerse el responsable ante la batalla épica que podría realizarse en el Camp Nou por la vuelta de octavos de Champions League. Porque, en fin, con él anunciado que se va de todas maneras a fin de temporada, no hay más responsables que buscar si es que

Luis Enrique dijo adiós. Lo que ha hecho ha sido, más allá de un anuncio esperado, una estrategia ya antes usada en el Barcelona. Cambiar el enfoque de las cámaras apuntada a los jugadores y fijarla hacia él. Quitarle la presión a sus dirigidos y hacerse el responsable ante la batalla épica que podría realizarse en el Camp Nou por la vuelta de octavos de Champions League. Porque, en fin, con él anunciado que se va de todas maneras a fin de temporada, no hay más responsables que buscar si es que

Luis Enrique dijo adiós. Lo que ha hecho ha sido, más allá de un anuncio esperado, una estrategia ya antes usada en el Barcelona. Cambiar el enfoque de las cámaras apuntada a los jugadores y fijarla hacia él. Quitarle la presión a sus dirigidos y hacerse el responsable ante la batalla épica que podría realizarse en el Camp Nou por la vuelta de octavos de Champions League. Porque, en fin, con él anunciado que se va de todas maneras a fin de temporada, no hay más responsables que buscar si es que el plan falla y los catalanes terminan eliminados de la competencia. Y atrás del anuncio, el técnico tiene bajo la maga su nuevo sistema para intentar hacer colapsar al PSG.

Grandes remontadas en la historia del Barcelona: ¿Lo podrá repetir hoy?

Es por eso que hay que decirlo claro: el Barcelona ahora no es el mismo. Tras la goleada recibida a mitad de febrero, el equipo de Luis Enrique ha sufrido una metamorfosis y podría ser su última. Más allá de los resultados –todos a favor-, los últimos cuatro partidos han servido para darle forma al nuevo sistema del técnico para contrarrestar los huecos que dejó su equipo en la visita al Parque de los Príncipes. Aquella vez, Matuidi, Rabiot y Verratti superaron con clase al trio Gomes, Busquets e Iniesta. Eso, como consecuencia del desequilibrio defensivo por la banda derecha.

Ni Sergi Roberto ni Aleix Vidal han podido hacer olvidar a Dani Alves. Las coherentes subidas al ataque del brasileño se hacen extrañar. Aunque, la mayor razón del declive en la banda derecha es la nueva función de Lionel Messi. El argentino ya no juega en esa posición abierta donde compartía la banda con Alves y donde de vez en cuando ingresaba al medio con su pierna izquierda. Ahora, su posición natural es la de creador desde el centro del campo. Dejando al interior derecho –Rakitic, André Gomes o Rafinha- a merced de perder a las espaldas.

Con el nuevo 3-4-3 Messi tiene su ya nombrada libertad desde el centro del campo y la banda derecha queda respaldada con dos interiores, donde uno cumple ese papel de extremo. Rafinha, acompañado o de Sergi Roberto o Rakitic, puede abrir en su mayor expresión el campo sin descuidar las espaldas de Busquets. El brasileño ha demostrado ser en ese sentido más sensato a la hora de ir al ataque. Además que listos para estar a las espaldas de un posible contragolpe quedan Sergio o el croata. Un sistema más adecuado para el equipo que debe jugar como Messi quiera.

De la teoría a la práctica hay un margen de error muy grande. En los últimos tres partidos (Atlético de Madrid, Sporting de Gijón y Celta de Vigo) el nuevo sistema le ha funcionado a Luis Enrique, sin embargo, la prueba de fuego es recién hoy, ante el PSG y con la necesidad de remontar el 4-0 de la ida. Después de los noventa minutos en el Camp Nou se podrá decir si fue una gran idea o el último gran error de Luis Enrique al mando del Barcelona.

Ver noticia en El Comercio: DT

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