24/03/2019

El zaguero solitario

Hace 2 meses

El zaguero solitario

Pinola jamás descansa: luego de los ejercicios de potencia en la arena de Punta decidió salir a correr solo por la orilla. Autoexigencia al mango.

Pinola jamás descansa: luego de los ejercicios de potencia en la arena de Punta decidió salir a correr solo por la orilla. Autoexigencia al mango.

Mientras algunos todavía se están sacando las lagañas de los ojos antes de comenzar el entrenamiento, Javier Pinola ya se habrá despertado, desayunado, llevado a los chicos al colegio, sacado al perro a pasear, pagado las facturas de luz, gas, ABL, y corrido media maratón.

La vida de este jugador/atleta parece ir a un ritmo frenético, mucho más rápido que la del resto. Porque mientras los más jóvenes de sus compañeros incluso sufren en carne propia el rigor de la pretemporada, él sigue dándole al físico. Pasan 60 minutos de un trabajo de potencia en las playas de Punta, y el tipo de 35 años se desprende del grupo. Se va, sí, pero no a tomarse un refresco en el parador de Olaf: se deja puestas las zapatillas y encara bordeando el mar cual maratonista para perderse en la infinidad de esa costa solitaria.

La vida de Pinola es así. Un poco por disfrute, por gusto personal a la hora de realizar actividad física, pero otro mucho por esa ambición de estar siempre al máximo, ya que entiende que a sue edad es la única manera de no darle ventajas a los más chicos. Porque así como ayer en el primer laburo en la playa uruguaya –y el penúltimo antes del regreso de esta tarde a Baires-, el marcador central salió a correr post entreno, la realidad es que no fue una excepción sino la afirmación de una regla: que necesita de su físico al 100% para mantenerse en el 11 del campeón de América.

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Termina el entrenamiento. Todos agarran sus bicicletas y vuelven al hotel a descansar menos uno, quien todavía tiene cuerda para seguir corriendo un rato más. En el fútbol no hay secretos. Cuando dicen que lo más difícil no es llegar sino mantenerse basta con mirar el ejemplo de Pinola.

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Ya nadie se sorprende, claro. Todos sus compañeros saben que luego de entrenarse, mientras el resto hace trabajos de elongación y descansa el cuerpo, él le agrega un ratito más de running y corre como lo hizo al lado del Pity antes del 3 a 1 en Madrid. Ayer, por caso, se esfumó en el horizonte a las 9 de esa mañana gris y ventosa, justo después de haber realizado una rutina que combinó potencia y coordinación: divididos en ocho postas, hubo desde futvoley hasta pasadas en velocidad con carga, saltos con tensores, laburos de reacción y movimientos especializados para arqueros, que no pararon de volar por la arena. Todos de corta duración pero intensos, y con repeticiones. Y a eso, por la tarde se le sumó la acción en el Club de Golf, donde le volvieron a dar al físico (pelota, nada hasta que mañana estén en Ezeiza). Es decir, una jornada que a cualquiera lo podría haber agotado, menos a él. A este jugador que parece haberse reencarnado en Benjamin Button: cuanto más grande, más joven se vuelve.

PUNTA DEL ESTE (ENVIADO).

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