20/11/2018

Ricardo Vasconcellos Rosado: Carlos Villacís, parte del tsunami moral que azota al deporte

El pasado Domingo 28

Ricardo Vasconcellos Rosado: Carlos Villacís, parte del tsunami moral que azota al deporte

La gira a Catar y Omán ha sido criticada ácidamente por el mismo Bolillo sin que Villacís haga siquiera una mueca. El entrenador sabe que el presidente de la Ecuafútbol tiene un caparazón que resiste los ultrajes y luego actúa como si no pasara nada.

La gira a Catar y Omán ha sido criticada ácidamente por el mismo Bolillo sin que Villacís haga siquiera una mueca. El entrenador sabe que el presidente de la Ecuafútbol tiene un caparazón que resiste los ultrajes y luego actúa como si no pasara nada.

Quisiera sentarme frente a la computadora y empezar a escribir sobre un tema alegre, divertido, evocador de algún momento glorioso, pero el tsunami de descrédito, inmoralidad y desconfianza que vive el país –y al que el deporte no es ajeno– me deprime, al punto de caer en la tentación de darle descanso a esta columna con la intención de que, con el paso de los días, se disipe la bruma y retorne la esperanza para quienes sentimos el país y el deporte en el corazón.

Desde la ética de nuestra profesión (maltratada a diario) sentimos el deber de decir, de escribir, de comentar, de gritar a veces la desilusión de ver este mundo y este país destrozados por la corrupción en la gran mayoría de los segmentos de la sociedad. Pero es tal la oscuridad del túnel en que estamos metidos que no se advierte ninguna luz, por más que extendamos el campo de nuestra visión de ilusos irremediables.

Hace poco leímos una entrevista hecha a Jorge Ramos, periodista mexicano de Univisión, con ocasión de la entrega que se le hizo de un reconocimiento. Si en algo estoy de acuerdo con quien compartí columnas en El Diario/La Prensa de Nueva York, cuando afirma que “la principal función social de los periodistas es y será cuestionar el poder y reportar la realidad tal y como es, no como quisiéramos que fuera. Debemos obligar a que los que tienen poder a que rindan cuentas y ponerlos contra la pared, para eso sirve el periodismo. Si no lo hacemos nosotros, nadie más lo hará.

¿Cumplimos con esa obligación los periodistas en nuestro país? En una gran parte de los casos esa obligación no es convertirse en el contrapoder, en el factor de cuestionamiento de los que dirigen el país o una parte de él, sino ser el sustento contra conductas irregulares, atrabiliarias, perjudiciales. En el periodismo del deporte es casi una regla el apuntarse en las filas de lo que el exfutbolista y hoy entrenador Eduardo Tanque Hurtado ha llamado “una alcahuetería” para con los dirigentes.

Pese al optimismo burocrático de la exministra y hoy secretaria del Deporte todo es confuso y desordenado en el ambiente deportivo. El gran obstáculo seguirá siendo la Ley del Deporte, un arma de filibusteros usada para que el gobierno –no el Estado– se adueñe de esta actividad que antes estaba en manos de voluntarios, casi siempre surgidos de las filas del deporte, educados y formados en el ejemplo del Prócer del Deporte Ecuatoriano Manuel Seminario Sáenz de Tejada, nombrado así por el II Congreso Nacional del Deporte, celebrado en Guayaquil en julio de 1949.

¿Ha tomado nota la Contraloría de la negligencia de las autoridades deportivas estatales sobre la destrucción de la piscina del Centro Cívico por obra del ex-Ministerio del Deporte? ¿Habrá una auditoría que radique responsabilidades sobre esto o ‘pasará de agache’ por influencia gubernamental?

Las federaciones provinciales que se rebelan contra los dictados de los funcionarios gubernamentales son intervenidas. Entre las que supervive, pese al destrozo de la gloria deportiva de ayer, está la Federación Deportiva del Guayas, cuya presidenta es la hermana del hasta hace poco dueño del país. Las evidencias reveladas por nuestro Diario sobre la desaparición de la actividad deportiva en nuestra provincia y de modo especial en Guayaquil no mueven un cabello de los burócratas estatales. ¿No basta con el abandono de los escenarios deportivos y su destrucción? ¿No es suficiente con que hace casi una década no haya torneos provinciales sénior de básquet, atletismo, boxeo, béisbol, lucha, ciclismo, pesas y fútbol?

El balompié profesional atraviesa por una tormenta de la que son responsables los clubes. Cuando gracias a Loretta Lynch, la fiscal de Estados Unidos, pudimos conocer los interiores de la delincuencia organizada en la FIFA, Conmebol y otras confederaciones, regionales, el sentimiento generalizado de todo el país fue ¡que se vayan todos! Pero los clubes decidieron que se quedaran todos, menos Luis Chiriboga Acosta, que fue enjuiciado tarde y mal.

Villacís asumió en 2015. Recibió a la Tri casi clasificada a Rusia y terminamos entre los últimos, mirando el Mundial por TV. Hoy somos la peor selección de Sudamérica.

Los que acompañaron al hoy sentenciado expresidente de la Federación Ecuatoriana de Fútbol por 18 largos años y dejaron hacer y dejaron pasar con mudez absoluta rayana en la complicidad fueron ascendidos y hoy son los que mandan en la FEF. Desde entonces, marcha tropezando, levantando y volviendo a rodar por el piso en medio de sospechas. Cuando el presidente Carlos Villacís quiso burlar una orden judicial fue acusado por desacato. Las autoridades parece que han olvidado que existe el juicio y es probable que se esté esperando la prescripción.

Villacís es todo un personaje. Agraciado por su silencio asumió la presidencia desde fines del 2015. Recibió a la Selección casi clasificada a Rusia 2018 y terminamos entre los últimos, mirando el torneo por televisión. El ambiente fue de caos total. Se peleó con el técnico, fue insultado y lo perdonó luego. En los últimos partidos se produjo el escándalo de la fuga de varios tricolores. La noticia la dio un periodista porque la Federación decidió ocultar la indisciplina. Para sorpresa de todos, los fugados jugaron el siguiente partido como si nada hubiera pasado. Uno de ellos –Enner Valencia–, sancionado por su conducta poco profesional, apareció hace unos días como capitán del equipo. ¿Quién lo designó: Bolillo Gómez o Villacís?

Del revuelto ambiente del fútbol se habla en estos días de un supuesto arreglo de partidos del que se podrá opinar cuando se hagan públicas las conversaciones entre el presidente de un club y el experto en el amaño de resultados. Pero, para acabarnos de arruinar, hoy somos la última selección de Sudamérica y el ranking mundial nos ubica en el puesto 61. Hasta nos supera la humilde Bolivia, casi siempre dueña de la cola. La razón de este desastre deprimente es la malhadada gira a Catar y Omán, que ha sido criticada ácidamente por el propio Bolillo Gómez sin que Villacís haga siquiera una mueca. El técnico sabe que el presidente de la FEF tiene un caparazón que resiste los ultrajes y luego actúa como si no pasara nada.

Villacís mostró inusitada urgencia y fichó a Gómez con el argumento de que debíamos empezar a prepararnos para la Copa América 2019. El DT apuró los tiempos con la misma razón. Cuando llegó a nuestro país, con el contrato en su maletín, declaró que el torneo no tenía ninguna importancia pues la meta era Catar 2022. ¿Qué gran estímulo y cuánta motivación? A mí no me extrañó esta opinión.

Antes de la Copa América 2004 dijo lo mismo. Fernando Carrión M., en una columna titulada ‘Bolillo: entrenador puertas afuera’, en diario Hoy, dijo que Gómez llegó a Perú con la derrota a cuestas. “El rato de salir pregonó a diestra y siniestra la poca importancia del torneo. Como si una selección nacional

–que representa a un país– pudiera tener partidos de primera y de segunda o como si se pudiera representar a medias a un país. Esto demuestra que la derrota estaba en sus planes, aunque la forma en que se perdió no”, señaló Carrión.

Después de la goleada que nos propinó Argentina (6-0) Gómez se marchó a Medellín, desde donde renunció dejando botados a sus jugadores. Y pensar que con esos antecedentes han vuelto a buscarlo alegando que es “un gran motivador”. (O)

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